Sorolla es sinónimo de luz mediterránea, de alegría de vivir, de pinceladas vibrantes y elocuentemente descriptivas. Pero hay un Sorolla noventayochista que proyecta una imagen reflexiva alrededor del llamado "Desastre del 98". El pintor valenciano se convirtió en el portavoz de la "España blanca", luminosa y esperanzada, frente a Zuloaga y otros pintores que desde otra perspectiva fueron identificados con la reflexión áspera, gris y derrotista de la llamada "España negra". Si bien unos y otros compartieron desde sus pinceles la necesidad de una regeneración.
















